Formación Continua Bonificada

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“Total, y para que otro se lleve los 420 €, me los llevo yo”. Frases como estas, queramos o no reconocerlas, son las que una jornada cualquiera se pueden escuchar en conversaciones informales entre profesionales de la formación, y son detalles como este los que subyacen la reforma que parece tener perfilada el Gobierno para modificar el actual sistema de formación continua bonificada que se gestiona a través de la Fundación Tripartita para la Formación en el Empleo.

Decía un gran consultor empresarial de este país que “lo bueno se vende sólo; para lo demás son necesarios comerciales”, y precisamente eso es lo que abunda hoy día en el sector de la formación, comerciales. Y es que al margen de grandes profesionales, reputados, solventes y capaces de crear valor al cliente con su experiencia y saber docente, que conocemos todos y todas; también descubrimos a quienes han llegado hasta el sector atraídos por el dinero fácil,  auto avalados por habilidades  persuasivas para el cierre de la venta y ofrecer cualquier programa formativo con tal de liquidar 420 euros a cualquier empresa. Así, es habitual encontrar comerciales cuyo principal argumento de venta es la posibilidad de obtener aparatos tecnológicos (móviles, ordenadores, tablets, etc.) con cada curso, en lugar de hablar al cliente de satisfacción de necesidades, desarrollo potencial, retorno de inversión por la formación o preparación para alcanzar nuevos objetivos en la organización. Se olvida la calidad, el cliente y su necesidad con tal de vender.

De modo que no es de extrañar que hayan proliferado más de 7.000 entidades organizadoras de formación atraídas por un negocio fácil, rentable y en expansión. Un negocio cuyo principal aval está en la estrategia de la clase política actual de reducir el desempleo a través de la cualificación profesional, organizada a través de planes de ayuda a la formación de oferta y formación de demanda. Sin embargo, este sistema está siendo cuestionado en su financiación y el coste que supone para las arcas públicas.

¿Quién no estaría a favor de permitir a cualquier empresa que forme a sus trabajadores? Es evidente, por tanto, oír estos días voces que se alzan en defensa del sistema de formación continua bonificada. Sin embargo, son prácticas tales como financiar la implantación de sistemas de gestión de protección de datos de carácter personal en la empresa, o de prevención de riesgos laborales a través del crédito de formación, las que han convertido este sistema de  formación en un auténtico coladero para las arcas del la Seguridad Social. A esto hemos de sumar la proliferación de centros de formación y entidades organizadoras con oferta de formación en muchos casos de escasa calidad, que lejos de proporcionar una mejora en la cualificación profesional, se convierten en medio de financiación de compra de tecnología o cualquier otro cachivache de moda para el cliente.

El actual sistema de formación continua bonificada resulta necesario y alcanzará su verdadero sentido en la medida en que las empresas del sector seamos conscientes de la importancia de orientarnos a una alta calidad de los programas de formación que ofrecemos, con prácticas éticas y profesionales,  orientadas a lograr incrementar la competitividad de nuestros clientes en su mercado.

Alcanzado ese punto, la formación de calidad se venderá sola, para lo demás, se seguirán necesitando comerciales.espacio



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